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Miércoles, 18 de Enero de 2017

Agua y gasolinas: Problemas nuevos, soluciones viejas

Por Juan Manuel Torres

diariomonitor@hotmail.com

No solamente es la gasolina, es el agua, el Predial, la energía eléctrica, el gas doméstico, alumbrado público y hasta los trámites de control vehicular, más todo lo que deriva de estos aumentos.

Son muchos y en un entorno económico deprimido, finalmente se dio la explosión social. Los más experimentados señalan que no se veía un movimiento nacional de estas dimensiones desde aquel lejano 1968 que terminó con la matanza de estudiantes en Tlatelolco.

A nivel nacional son las gasolinas, pero en Baja California también se aprobó una draconiana Ley del Agua que atenta con los derechos más fundamentales de los ciudadanos. ¿¡A quién se le ocurre cortar el agua de tajo si no hay pago?!

La justificación en ambos casos es la misma, falta de recursos, pero la interpretación ciudadana es que se trata de más voracidad, una voracidad que se da en un contexto de altos niveles de corrupción que ya no se toleran y que han llevado a altos niveles delictivos.

El agua y las gasolinas enfrentan nuevos problemas, pero de un origen añejo. El agua, dijo hace casi 15 años Guadalupe Osuna Millán cuando aún no llegaba a la gubernatura, que iba a ser un problema. Advirtió sobre Ensenada, se manejó veladamente a Mexicali, dio datos, presentó gráficas, fue gobernador y no hizo nada. Llega el imposible Kiko con su neófito equipo, se encuentra con una sequía y se va por la libre: Aumentar costos, pero no recorta gasto ni hace arreglos en la infraestructura actual. ¿Cuándo se obtendría arreglando las fugas del Valle de Mexicali?, por ejemplo.

En el caso de las gasolinas, aunque el gobierno ha hecho circo, maroma y teatro, es evidente que continúa su dependencia de esos ingresos. No se preocupa por ser eficiente. En cuestión de impuestos ahoga a los cautivos y deja correr la informalidad.

Es increíble como en lugares como la Plaza Cachanilla de Mexicali los comerciantes que se supone son formales, escatiman las facturas y evaden impuestos impunemente al amparo de alguien que debía supervisar esta irregularidad, pero que no lo hacen o si lo hacen, no está haciendo bien la tarea. ¿Cuántos negocios habrá en la Plaza Cachanilla de Mexicali en esas condiciones y en Tijuana y en Ensenada y en Rosarito y en todo el país?

Los argumentos del presidente fueron tirados al suelo rápidamente. No existe alza en los precios internacionales de las gasolinas, pero sí en el gasto no solamente del gobierno federal, también en Baja California vemos el dispendio.

Giras según se dice de promoción, con gastos faraónicos, ofensivos, de uno grupo de juniors venidos a políticos que llegan al servicio que es público, para servirse y no para servir, que ven la política como negocio y que ya tienen hartos a los ciudadanos, que hoy fueron trastocados en las fibras más sensibles, que fueron capaces de enfrentarse a la fuerza pública, no solamente en Baja California, sino en varias partes del país, porque ya estuvo bueno de que se estén robando el dinero que con tanto esfuerzo ganan quienes se ganan el dinero con esfuerzo y honradez.

Sí, los problemas del agua vienen de atrás, pero hoy tienen caras nuevas y el mayor problema es que se están atendiendo con las mismas recetas del pasado y estas no funcionan.

Y no se trata de confrontar con violencia, sino de simplemente poner un alto a los excesos que tienen a un país que teniéndolo todo para ser un gigante, lo tienen de rodillas, con una moneda devaluada y un vecino del norte que se ríe de sus políticos vecinos.

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