Martes, 22 de Octubre de 2019 9:21 a.m.

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Habló Friedman en CETYS de su nuevo libro Gracias por llegar tarde

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El éxito en el futuro, será para aquellos con la motivación de aprender continuamente, adaptarse al cambio y con un propósito fundamentado en valores, habilidades que las universidades deben impulsar, explicó Thomas L. Friedman durante su conferencia Thank You for Being Late en CETYS Universidad. El ganador del Premio Pulitzer tomó el nombre de la conferencia del título de su más reciente libro: Gracias por llegar tarde: Cómo la tecnología, la globalización y el cambio climático van a transformar el mundo los próximos años En su trabajo más ambicioso hasta la fecha Friedman muestra los movimientos tectónicos que demuestran que hemos entrado en una era de aceleración vertiginosa -y explica cómo vivir en ella. Gracias a los últimos avances tecnológicos, los alpinistas del Everest disfrutan de excelente servicio de telefonía móvil y los automóviles que se conducen solos ya están en nuestras carreteras. Mientras tanto, la Madre Naturaleza también está experimentando cambios dramáticos a medida que los niveles de carbono se elevan y las especies se extinguen. De acuerdo con Friedman, tres son las fuerzas aceleradoras que están cambiando al planeta: La ley de Moore (tecnología), el mercado (globalización) y la madre naturaleza (cambio climática y biodiversidad). Asimismo, estos aceleradores están cambiando cinco reinos clave: El lugar de trabajo, la política, la geopolítica, la ética y la comunidad. Con la vitalidad, el ingenio y optimismo que lo caracteriza, Friedman muestra que podemos superar las múltiples tensiones de una era de aceleraciones, si disminuimos la velocidad, si nos atrevemos a llegar tarde y usamos el tiempo para reimaginar el trabajo, la política y la comunidad. Gracias por llegar tarde es una guía de lectura esencial para entender el presente y el futuro que nos espera. Friedman se dio a conocer al gran público en 2005 cuando publicó El mundo es plano en el que explicó el proceso de globalización que se estaba viviendo. Un mundo en el que fronteras y geografías comenzaban a ser irrelevantes frente al poder del comercio, los productos y la conectividad de las personas. Desde entonces no ha parado de advertir sobre los cambios que suceden en el mundo y los que están por llegar. Se ha hecho popular por humanizar y poner sobre la mesa temas controvertidos o incómodos, no tanto porque trate temas escabrosos o políticamente incorrectos, sino porque lleva mucho tiempo alertando de las transformaciones que vienen y de su impacto en el capitalismo, en definitiva en nuestra forma de vida. En Gracias por llegar tarde continúa con el mismo discurso, esta vez aderezado con anécdotas personales interesantes, pero con un mensaje muy claro: El mundo se está desarrollando demasiado rápido y sería conveniente hacer una pausa y reflexionar sobre muchas cosas. Friedman pone encima de la mesa un buen puñado de temas para debatir. Lo hace sin impregnar sus textos de un estilo profetizador -al menos no demasiado- ni excesivamente catastrofista, por eso tiene un número considerable de admiradores. En Gracias por llegar tarde Friedman usa la digitalización y automatización que una industria como la lechera está sufriendo para recordarnos que es el indicio de una revolución más grande. El ordeño, supervisión de las ubres, el flujo de la leche, cantidades, recojida de estiércol, en definitiva las tareas del ganadero y de la cadena de suministro dependen cada vez más de las máquinas. La imagen del granjero esparciendo estiércol será sustituida por la del granjero lector de datos y analista que busca cómo optimizar y rentabilizar al máximo la explotación y los beneficios gracias a las máquinas. Para él es deprimente comprobar que multitud de trabajos, tareas y oficios están desapareciendo reemplazados por unos pocos programas de software (algo que ya ocurre en una industria tan diferente como la musical, te recomiendo la reseña de La fábrica de canciones). La cuestión crucial es que el cambio tecnológico radical y rápido está dejando a muchas personas sintiéndose profundamente dislocadas. Aunque Friedman abre muchos frentes y algunas veces no parece cerrarlos -ya en El mundo es plano hablaba de cuatro factores claves de la globalización o “aplanadores” del mundo, que luego se convertían en seis sobre los que disertaba dejando la puerta abierta a más- establece elementos de reflexión con criterio. Los denomina “elefantes negros”, cuya invención y definición es algo a medio camino entre el elefante en la habitación y el famoso cisne negro de Nicholas Talek, de modo que un elefante negro es “un problema ampliamente visible para todos, pero que nadie quiere abordar aunque sabemos con absoluta certeza que tendrán consecuencias demoledoras“. En Friedman se percibe un pensador profundo, extremadamente curioso, del que se pueden extraer muchas reflexiones y al que se le perdonan los bandazos en su manera de escribir. Aunque su lectura puede resultar fatigosa, es un libro al que con paciencia se puede sacar jugo. En un mundo cada vez más complicado, se agradecen pensadores generalistas solventes que exhiban un amplio espectro de ideas para ayudarnos a entender los acontecimientos que suceden. Además son un soplo de aire fresco frente a tertulianos televisivos y radiofónicos de medio pelo. La participación de Friedman dejó en CETYS una gran experiencia y motivación, ya que invitó a los presentes a no olvidarse de los valores fundamentales que constituyen a los seres humanos, aún a pesar del rápido desarrollo tecnológico que vivimos. Finalmente, hizo un llamado a los asistentes, entre ellos alumnos del campus Mexicali, Tijuana y Ensenada, así como docentes, directivos, miembros del IENAC, a buscar un sentido de comunidad que ayude a sobrellevar tiempos difíciles como los de hoy en día en cuestiones políticas, comunitarias y del medio ambiente.