Lunes, 21 de Octubre de 2019 3:39 p.m.

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La Lámpara de Diógenes: Los cinco gallos y la gallina

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Por Gonzalo Llamas Bañuelos Había una vez una comarca agrícola llamada la “Esperanza de México” que tenía una competencia cada seis años, en ella habitaban seis gallos que representaban a distintas granjas en la región bajacaliforniana, cada granja se distinguía por el color del gallo. Así, teníamos gallos de color azul, tricolor, amarillo, guinda, anaranjado con blanco y anaranjado. Todos ellos se disputaban la supremacía para ver quien se quedaba con todas las gallinas y los huevos en disputa. Había un gallo que cambió de color, de guinda se transformó en giro, era así por la cruza de gallo mexicano con norteamericano por ello, siempre decía que era “gringo” o de raza azteca según le convenía, renegaba de su origen ya que vivía en otro gallinero al cruzar el río. Como todo extranjero el “gallo giro” era presumido, vanidoso, ostentoso, fuerte, valiente, narcisista y bravucón, se creía por encima de los demás, pensaba que estaba hecho a mano, no le hacía caso a nadie, pero era obstinado con las gallinas. Por ello, muchas gallinas lo querían por su porte y su prestancia, sabedoras que ya tenía muchas “cirugías” para verse “galán” a últimas fechas se conformaba con “Botox”. Quería demostrar que era muy macho y que podía con todas las gallinas de la región. Un día llegó el momento de demostrar su hombría, el momento de competir todos contra todos los gallos, para ver quien se quedaba con las gallinas y los huevos; había que pelear en el palenque del pueblo; todos estaban preparados, los gallos ya tenían amarradas las navajas, pero el giro se negaba a competir y a demostrar que era el mejor. Los propietarios de las granjas y las autoridades sanitarias tuvieron que intervenir para conminarlo a entrar a la competencia, su respuesta fue negativa. Fue necesaria la llegada relámpago del “ganso”, proveniente del lago de Chapultepec, quien arribó a estas tierras desérticas carentes de agua en compañía de la “cotorra Polevnsky”, quienes volaron en un ave “mitológica de mayor dimensión”. Invadido el “ganso” por la sorpresa al ser recibido por un grupo de aves “Fifi” de todas especies habidas en el Valle de Mexicali, entre ellas destacaban águilas, búhos, buitres, cuervos, flamencos y hasta gaviotas, quienes le reclamaron con cámaras y micrófonos en mano, al “ganso” por su proceder al intentar vender el agua proveniente del río colorado. Exigiendo explicaciones de manera airada, por qué hacía eso, que sería un crimen, un magnicidio, porque las aves de corral y silvestres se morirían de sed. Ante este panorama repleto de recriminaciones el “ganso” prefirió hacer mutis, aduciendo su derecho a no responder y guardar silencio. Por ello, exhibió su indiferencia, poco le importó al ganso, la realidad es que vino a conminar a su amigo el “gallo giro” para que participara en la pelea del palenque, dándole por su lado y diciendo que él era el mejor gallo, que tenía los espolones grandes y afilados, que ninguno de sus contrincantes sobreviviría ante sus embates. El gallo giro se quedó pensativo, dejó de cantar y cacarear. Los gallos y las gallinas se sintieron defraudadas. Aquel gallo giro vanidoso y hasta mesiánico había sucumbido, ya no deseaban que él las empollara. No querían que sus genes se trasmitieran a las nuevas generaciones. El macho “alfa” se había desmoronado. Mientras esto sucedía, la “cotorra” buscaba insistentemente al “gallo giro”, no para amarrar navajas, necesitaba hablar con él, había que hacer un corte de caja, para ver cuánto le habían cooperado los otros gallos de su granero para la competencia. Como siempre el “gallo giro” se quiso quedar con todo lo recolectado, y en lugar de ello, la cotorra recibió una buena desgreñada, no solo de él, sino de las aves “Fifis” por negarse a explicar el motivo de su venida a estas tierras inhóspitas. Finalmente, el “gallo giro” se negó a competir. Él era un “gallo fifi” y no quería nada con los “gallos arrabaleros” que “pululan” por las granjas “malolientes” a “Boñiga” de vaca. El público del palenque, enfrentó al “ganso” reclamándole, el para qué le servían los espolones. Que estos servían también para “pisar” gallinas, pero que tenía que demostrar que era un verdadero macho “alfa”. Él se negaba a competir y menos enfrentar a tantos gallos. Se hizo un escándalo de gran dimensión ¿cómo que el gallo giro, aquel de ilustre linaje se negaba a competir? Todos se burlaron de él, hasta los dueños de las granjas y las autoridades sanitarias. Lo amenazaron de que, si no competía, sería sancionado y que le reducirían el número de gallinas. Burlándose de todos, gritó, para que compito, si mi granja está del otro lado del río, yo no tengo porque competir aquí en granjas aztecas prefiero competir del otro lado, donde hay puros “gallos” “Fifis”, también alardeó que él no tenía que demostrarle a nadie que era el mejor. El “ganso” al escuchar estas palabras y la escena que había montado el “gallo giro”, se desencantó y optó por subirse al “ave mitológica” y se hizo “pato” y se fue. En tanto, el gallo giro se transformó, se hizo chiquito, corrió cacareando y arrastrando las plumas rumbo a su granja ubicada al otro lado del río. Al final todos huyeron y renunciaron a “La esperanza de México”.