Lunes, 11 de Diciembre de 2023 5:33 a.m.

Redes Sociales

Frustración colectiva y desánimo comunitario, secuelas de la pandemia

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Por Daniel Robles Ciudad de México, mayo 29.- Como parte de las secuelas de la pandemia y el aislamiento se han agudizado los síntomas de desanimo, frustración y malestar social que contribuyen a generar un mal humor colectivo, aseguró Alejandro Peña García, profesor de sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS). El académico consideró que los jóvenes universitarios siguen padeciendo las consecuencias de un obligado y prolongado encierro, lo que se refleja no sólo en un bajo rendimiento académico, sino también en un estado de insatisfacción, hartazgo y malestar social. Consideró que, a la mayoría de los estudiantes, el aislamiento y las clases a distancia les cortó por casi tres años su proceso de formación crítica y de participación en la sociedad, por lo que prevalece un ánimo de frustración y enojo que es urgente atender. Las expresiones de un mal humor social en las universidades son muy palpables y se observa un descontento entre la comunidad estudiantil, aunque no necesariamente por cuestiones escolares o académicas, sino debido a problemáticas sociales o económicas que se agudizaron durante la pandemia, subrayó. “Sí hay un malestar social latente y profundo que tiene que ver directamente con los procesos de la pandemia y que al combinarse con otras problemáticas sociales y familiares está ocasionando serias afectaciones emocionales que yo denominaría trauma social con efectos psicológicos evidentes”. Señalo que desafortunadamente no se le ha prestado la atención que requiere a ese asunto e, incluso, muchas personas se resisten a reconocerlo, por lo que en lugar de buscar opciones de atención se mantiene una especie de retroalimentación del mal humor social y una actitud negativa en el sentido de considerar que nada se encuentra bien, que todo el tiempo estamos mal, que cualquier cosa nos afecta o que nos indigna cómo se están desarrollando algunas actividades de nuestro interés a nuestro alrededor. Peña García indicó que la precarización laboral y la desigualdad son dos factores que afectan y preocupan de manera particular a la población y que además propician una sensación de impotencia al percibir que en ambas áreas las cosas no mejoran y que es muy difícil incidir con un esfuerzo individual o colectivo. “Yo creo que la precarización laboral y económica nos mantiene con este mal humor y preocupados, toda vez que las condiciones sociales y materiales en las que vivimos se han ido deteriorando en las últimas décadas y las crisis recurrentes han sido terribles, sobre todo para los que menos tienen”. El experto en sociología señaló que es muy complicado pretender que las personas mantengan un buen humor frente a escenarios en los que la planeación económica no muestra resultados favorables y tangibles para los ciudadanos de a pie y por el contrario hay la percepción de que las desigualdades siguen aumentando. No se puede tener buen humor, dijo, cuando las personas se encuentran permanentemente preocupadas por lo que comerán o por su situación laboral. “Entonces, la verdad que sí estamos en un cuadro muy dramático en el que además de la crisis generalizada hay una civilizatoria en la cual se incluyen valores, creencias y proyectos de vida. No tenemos muchas alternativas o condiciones para desarrollarnos y frente a ese panorama es difícil dejar fuera las emociones”. Lo emocional y el ánimo colectivo están directamente relacionados con el empleo, la comida, el transporte o el poder caminar con seguridad por las calles, y si alguno de estos factores genera conflicto o insatisfacción, se presenta esa sensación de frustración y molestia social permanente, resaltó el académico universitario. Insistió en la necesidad de abrir espacios para llevar a cabo un análisis y una reflexión más profundos, particularmente en las escuelas y universidades, sobre las causas e implicaciones que se están presentando en torno al mal humor social, pues entre los jóvenes existe una creciente necesidad de ser escuchados fuera de clase y, si es necesario, recibir ayuda de especialistas. El reto para los próximos años, enfatizó, es manejar de la mejor manera posible todas esas emociones contenidas, reencontrar proyectos de vida y procesar las experiencias tanto en lo individual como en lo colectivo. Urge levantar el entusiasmo y retomar la participación social por medio de proyectos comunitarios, familiares o académicos como un primer paso para revertir esa sensación de desanimo y mal humor social, finalizó.