Domingo, 20 de Junio de 2021 1:55 a.m.

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¿Retroceso democrático?

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Por Gonzalo Llamas Bañuelos ¿Qué le ocurre a la democracia en Baja California?, ¿Estaremos condenados a ser gobernados por personas carentes de legitimidad? Pensábamos que en esta elección avanzaríamos en términos de la participación ciudadana, pero nos encontramos que en lugar de mejorar hemos retrocedido. En esta jornada apareció la “intimidación”, rodaron en las casillas cabezas de personas decapitadas, la violencia estuvo presente, aunque de manera aislada se logró inhibir parcialmente a los electores. En muchos casos, la gente hizo caso omiso de estos incidentes y salió a votar. Esperábamos una participación copiosa en las urnas, pero hasta ahora y al momento de escribir estas notas, no se han reunido los consejos para dar el dictamen final de esta elección. Al parecer, las cifras serán de aproximadamente de un tercio de la población votante a la que acudió a votar. Otra vez, la legitimidad hace su aparición, aun cuando las elecciones son legales carecen del respaldo social y una vez más los gobernantes que vienen ejercerán el poder sin el respaldo del pueblo. Nuestro estado se ha caracterizado por sus aportaciones a la democracia nacional, tal es el caso de la credencial de elector con fotografía, inédito en los anales de la historia ya que era el “Sistema” el que controlaba para su beneficio la organización de las elecciones y era responsabilidad del Secretario de Gobernación. Además, tuvimos el primer gobernador de oposición, que fue la antesala de la alternancia política en el país. Hoy en día somos de los estados con el mayor abstencionismo, no sabemos qué ocurre con las dos terceras partes de la población que no sale a votar. De ser un ejemplo democrático nacional, nos convertimos en obstáculo, hoy somos un estado sometido a la dádiva que vota por conveniencia en lugar de privilegiar el valor social de la participación en asuntos públicos. Nos hemos convertido en una sociedad convenenciera que nada más “estira la mano” para recibir “limosnas de papá gobierno”. No hay aspiraciones, ni valores, habitamos en una sociedad envilecida por la alcahuetería de políticos sin principios. Nadie se quiere esforzar, nadie quiere trabajar, todos queremos vivir a expensas de otros, se oye decir “que trabajen otros”, “que me mantenga el gobierno”. La desigualdad social incrementa este tipo de prácticas y sentimientos. Somos una sociedad que no se quiere esforzar, el trabajo digno es el motor del progreso, no las dádivas. El trabajo transforma a las sociedades y las sociedades cambian a los hombres en sujetos responsables y libres. El trabajo transforma al hombre y el hombre transforma su entorno. No hay otra fuente de generación de riqueza que el trabajo humano. Habría que investigar cuales son las causas del abstencionismo, sin embargo, ese segmento de la población se expresa de alguna manera con indiferencia hacia los asuntos públicos que debieran interesarle y así exigir resultados. Mientras eso no suceda, la clase política seguirá incurriendo en excesos. Una hipótesis que flota en el ambiente político es que muchas personas fueron coaccionadas a votar bajo la amenaza de que, si la oposición al partido en el gobierno ganaba, ya no habría dinero para las personas de la tercera edad, ni para los Ninis, tampoco para personas con capacidades diferentes y la otra hipótesis es que los votos fueron “comprados” con anterioridad al día de la elección. Por otra parte, la tan anhelada división de poderes tendrá que esperar ya que tendremos un congreso “a modo” como el actual y el anterior y la discusión de los temas de la agenda estatal estarán bajo la férula de una sola persona. Los abusos continuarán y la escasez de recursos económicos obligarán a los legisladores a continuar inventando nuevos impuestos para cubrir el déficit que dejará la administración que se retira. No habrá dinero para cubrir los adeudos a los docentes del estado, son muchos millones de pesos los que necesitará el gobierno entrante. La inversión pública para obras de infraestructura será un obstáculo para el crecimiento económico e impulso para la generación de empleo. ¡Una democracia que compra el voto y coacciona al elector, no es democracia, es corrupción, pero aceptamos a costa de nuestro futuro el decálogo de “no mentir, no robar, no traicionar”! ¡Así nos ha ido!